martes, 11 de noviembre de 2008

La ruta Quetzal hace la segunda entrega de juguetes en una escuela de lasalianos españoles en Panamá


COLÓN (PANAMÁ),
Los expedicionarios de la Ruta Quetzal BBVA, que este año recorre Panamá, realizaron ayer la segunda entrega de juguetes a los niños más desfavorecidos visitando esta vez el colegio San Miguel Febres Cordero-Los Lagos, en la ciudad de Colón, donde un grupo de hermanos españoles de La Salle intenta garantizar un futuro mejor a los niños de la zona ofreciéndoles una educación gratuita y de calidad.
Los 'ruteros' dieron los regalos a los pequeños en el marco de la octava edición de la campaña 'Un juguete, una ilusión', organizada por Radio Nacional de España y la Fundación Crecer Jugando.
En total, este proyecto distribuirá en Panamá 10.000 juguetes y pondrá en marcha tres ludotecas en escuelas y centros de menores con el objetivo de educar a los niños a través del juego.
A pesar del cansancio que revelaban las caras de los expedicionarios, se podía notar cómo les llena esta experiencia solidaria y el contacto con la gente que menos tiene, que, aún así, siempre tiene preparada una sonrisa de agradecimiento.
Los jóvenes exhibieron las banderas correspondientes a las 56 naciones representadas en la Ruta y luego fueron entregando los juguetes uno a uno.
Los alumnos de la escuela San Miguel Febres Cordero estaban emocionados y nerviosos por ver tantas caras nuevas.
En nombre de todos ellos, el obispo emérito de Colón, monseñor Carlos María Arniz --que también dirige la Fundación Luz--, aseguró que la visita de la Ruta Quetzal BBVA es "como una botella de oxígeno" para los niños, que la reciben "con respeto y admiración".
Para este religioso navarro afincado en Panamá, los niños de Colón "tienen derecho a ser un poquito más felices" y también "tienen los mismos derechos que los ricos a ser educados".
La zona donde se encuentra este colegio de Colón, una ciudad insegura y peligrosa para los forasteros, es un lugar habitado por familias con escasos recursos económicos, por lo que la labor de los hermanos lasalianos supone una mejora importante en la calidad de la formación de sus hijos.
En el centro hay 835 alumnos, y ninguno de ellos tiene que pagar por recibir una educación que, según señala el hermano Juan Riloba, es muy buena comparada con la que ofrecen allí otros colegios, aunque admite que en Panamá "la escolarización está muy bien atendida" pese a que exista un siete por ciento de analfabetismo.
Riloba, un burgalés que ya lleva 26 años viviendo en este país centroamericano, dirige una escuela cercana que también forma parte de la obra de los Hermanos de las Escuelas Cristianas o lasalianos, que llegaron a Panamá en 1904 porque así lo solicitó el Gobierno con el fin de llenar el vacío de docentes que se produce con la independencia de Panamá respecto a Colombia, en 1903.
En los colegios de La Salle en Colón, a los que asisten unos 3.000 alumnos, se imparten más horas lectivas de materias como el inglés o la informática que en otros centros educativos, y además se benefician de la libertad de enseñanza existente en Panamá, la cual, según Riloba, "sólo es compable a la de Brasil".
El éxito de la fórmula educativa de los lasalianos queda probado por las largas colas que forman los padres de los niños frente a la entrada de sus escuelas desde las doce de la noche cuando se abre el plazo de matrícula.

EL FUTURO DE LOS NIÑOS DE COLÓN

Según explica Riloba, Colón es una ciudad de contrastes en la que, si bien los niños tienen muchas oportunidades de cara al futuro, viven en un entorno complicado.
Por ejemplo, el bachillerato de Comercio fundado por La Salle en el centro de la ciudad "tiene unas tapias enormes porque es una zona muy insegura".
"Cada día hay muertos en las aceras", afirma el hermano lasaliano, que apunta al narcotráfico, los ajustes de cuentas y la influencia de las milicias colombianas como factores fundamentales de la violencia.
Además, el desempleo castiga a la población de Colón, donde el 30 por ciento está en paro, frente al tres por ciento de parados que hay en la capital panameña.
Por eso, continúa Riloba, la gente de Colón se va a la ciudad de Panamá, que les ofrece más salidas laborales.
Sin embargo, Colón tiene en la Zona Libre un motor económico clave, ya que allí se venden al por mayor todo tipo de productos libres de impuestos de importación y exportación. El objetivo de su creación, en 1948, es explotar las ventajas competitivas de Panamá como centro de tránsito del comercio mundial.
Riloba dice haber encontrado en Panamá "una sociedad más humana" que en España. Como ejemplo, afirma que en el país centroamericano "no hay niños abandonados" porque, "por pobres que sean, todo el mundo les da cobijo y les saca adelante".

ETAPA DURA PARA LOS 'RUTEROS'

Tras pasar la mañana conociendo la realidad de los niños de San Miguel Febres Cordero, los 'ruteros' partieron hacia Santa Librada bordeando el río Boquerón.
Allí instalaron de nuevo el campamento para una sola noche, porque después se trasladarán, en una dura caminata de siete horas, a San Juan de Pequení, algo que les hace una ilusión especial porque en esta localidad conocerán las costumbres y la cultura de la comunidad emberá.
A estas alturas, lo que más falta les hace a los expedicionarios es mantener la ilusión a pesar del cansancio y los inconvenientes, porque la Ruta atraviesa ahora, llegando al día número 18, la que puede ser su etapa más dura.
Los jóvenes aventureros cruzarán la selva cargados con lo mínimo indispensable y con raciones militares en la mochila.
Mientras, los monitores se encargan de subirles el ánimo y de cuidar de ellos ahora que se encuentran algo desanimados porque, por segundo día consecutivo, se les ha inundado el campamento.
La intensa lluvia que cayó anoche, como si alguien estuviese arrojando cubos de agua desde el cielo panameño, encharcó la zona donde tenían instaladas sus hamacas, en la localidad de Nombre de Dios, y en esta ocasión los efectos fueron más notables que el domingo pasado.
Para evitar males mayores, el director de la Ruta Quetzal BBVA, Miguel de la Cuadra Salcedo, ordenó la evacuación inmediata de los chavales a una iglesia cercana.
Al parecer, el río que se encuentra junto al lugar de acampada creció con la abundante lluvia, aumentando el riesgo de que algún cocodrilo se aproximase demasiado.
Pero tras pasar un mal trago al ver sus macutos pasados por agua, los expedicionarios pasan página y se dirigen con ganas a San Juan de Pequení a conocer a los indígenas.

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